Por qué meditar
Mente

¿Por qué medito?

Hasta hace unos años mi rutina era la siguiente: Me levantaba a las 5 de la mañana, me hacía un café y me ponía a trabajar en proyectos personales para “crecer y tener más ingresos” (que no necesitaba), a las 8 de la mañana me iba a mi trabajo oficial y a las 6 salía para volver a casa y seguir trabajando, hacer cosas de casa y dormir.

Al otro día la historia se repetía.

Día tras día y con pocas excepciones mi vida no parecía calmarse y lo peor es que era yo el que buscaba esa actividad incesante.

En medio de ese caos me acordé que muchos años antes había meditado y, por lo poco que recordaba me calmaba.

El cuerpo y la mente me pedían calma y, por suerte, la vida me hizo recordar de nuevo esa práctica que tanto bien me había hecho.

Una mañana me levanté y en vez de sentarme a trabajar frente me senté a respirar.

No busqué posturas raras ni estar incómodo. Sólo me senté en una silla, cerré los ojos y respiré profundo. Estuve así unos 5 minutos porque me desconcentraba.

Para ser sinceros ese primer día no sentí nada. Creo que es algo que le pasa a la mayoría que meditan por primera vez o que llevan mucho tiempo sin meditar, como era mi caso, y vuelven a hacerlo.

Pero seguí. No me lo cuestioné. Seguí adelante.

Seguí meditando porque estoy convencido que la meditación nos aporta mucho pero no verás resultados de la noche a la mañana.

Me atrevería a decir que no deberíamos buscar nada. A veces para encontrar algo hay que dejar de buscar.

 

Lo que aprendí

Continué día tras día a la misma hora para reforzar la rutina y, como por arte de magia, un día me di cuenta de muchas cosas.

  • Me di cuenta que trabajar tanto no era necesario.
  • Que no tenía que ganar más dinero ni “crecer”.
  • Que estaba más enfocado en las cosas que de verdad me importaban.
  • Mi mente estaba más calmada.
  • Podía aceptar las tareas diarias con tranquilidad.
  • Comencé a interesarme por mi cuerpo y mi mente más que por mi ego.
  • Todo mi ser se sentía más ligero.

Este es una especie de resumen porque no voy a entrar en los efectos que la meditación tiene para la salud porque ya lo veremos más adelante, pero estoy convencido que esos efectos son tan buenos que todos deberíamos invertir minutos de nuestro día a día a parar un momento.

 

El caos mental

Una de las mejores enseñanzas que he tenido con la meditación es que nuestra mente está llena de ideas que nos interrumpen y nos impiden tener una vida calmada.

A veces cuando meditamos se nos cruzan no uno, sino varios pensamientos.

He aprendido que no está mal que cuando intentas concentrarte en la respiración venga una idea. No la cuestiono, simplemente la reconozco y la dejo ir. Es mi cabeza hablándome.

Una vez que termino mi meditación pienso en lo que hice, en cómo me sentí y en lo que he visto.

Mi conclusión es casi siempre la misma:

Nuestra mente puede llegar a estar tan llena de cosas que se crea un caos que no nos deja ver nada, no nos deja apreciar lo que estamos haciendo.

En lugar de estar disfrutando y aprovechando el momento presente estamos planificando el futuro o discutiendo con el pasado.

La meditación me enseñó que somos eso, pensamientos que pueden parar para enfocarnos en el aquí y el ahora.

 

La rutina

Han pasado algunos años desde esa experiencia y mi meditación diaria se ha convertido en una rutina tan firme que la incorporo a mi día a día como si se tratara de comer o dormir.

Imagino que medito porque me siento bien, porque estoy en calma conmigo y porque comprendo que todo es relativo y está en constante cambio.

Meditar me hace tener una visión más amplia de la vida y dar a cada cosa su justo valor.

Medito y escribo en MundoSlow.com y otras webs relacionadas con literatura y viajes.